Los últimos de Filipinas

El “Sitio de Baler” fue un asedio llevado a cabo por insurgentes filipinos entre el 30 de junio de 1898 y el 2 de junio de 1899, en un pequeño pueblo pesquero y agrícola de la costa este de la isla de Luzón, en Filipinas. Durante este asedio quedaron encerrados en la Iglesia de San Luis de Tolosa un destacamento con 50 soldados del ejercito español, a quienes conocemos hoy en día como Los últimos de Filipinas.

Conflicto entre Filipinas y España

El origen del conflicto entre filipinos y españoles comenzó en el año 1896, a través de una sociedad secreta llamada Katipunan, dirigida por Emilio Aguinaldo. El fin de esta sociedad era reclutar combatientes en todo el archipiélago con la intención de expulsar a los españoles del país y dar por terminado el largo periodo de colonización, logrando por fin la ansiada independencia de Filipinas.

Durante un año hubo numerosas revueltas y escaramuzas, entre los revolucionarios katipuneros y las tropas españolas. Estas revueltas se sucedieron mayormente en Manila y en Baler. Pese a ello, el gobierno español no llegó a perder su poder sobre Filipinas. Finalmente, a finales de 1897, tras largas negociaciones entre Emilio Aguinaldo y el general español Primo de Rivera, se firmó el conocido pacto de Biak-Na-Bato, que dio fin a las revueltas. A consecuencia de esto, tanto Emilio Aguinaldo como otros líderes revolucionarios se exiliaron a Hong Kong.

Debido a ese clima de aparente paz y tranquilidad, el gobierno español comenzó a reducir el número de soldados en los diferentes destacamentos que había en Filipinas. Concretamente en Baler, las tropas españolas pasaron de tener 400 soldados a solo 50. Estos se convertirían en los últimos de Filipinas.

La paz y la calma no duró mucho tiempo. El hundimiento del acorazado Maine en Cuba propició el comienzo de la guerra entre España y Estados unidos, en febrero de 1898. La guerra llegó hasta las costas de Filipinas y la flota española fue trágicamente derrotada tres meses más tarde en Cavite.

Debido a la nueva situación, Emilio Aguinaldo decidió volver a Filipinas, con el claro objetivo de volver a activar la revolución por la independencia. Esta vez lo hacían con el apoyo de Estados Unidos, quienes financiaron y dotaron a los insurgentes de armamento.

Soldados Españoles en Filipinas
Imagen de archivo de los últimos soldados españoles de Filipinas

Los últimos de Filipinas en Baler

Durante esos meses de incertidumbre, el pobre destacamento español destinado en Baler ya empezaba a sospechar que algo extraño estaba ocurriendo. No obstante, no podían saber con certeza qué era lo que estaba sucediendo, debido a la complicación de la época a la hora de recibir noticias desde Manila. La distancia y la precariedad de las comunicaciones entre las provincias de la zona era extrema, ya que para moverse de un lugar a otro era necesario atravesar la frondosa jungla.

Pese a ello, los españoles comenzaron a preparar el terreno para defenderse en caso de ataque. Los insurgentes entraron de nuevo en Baler en junio de 1898 y el destacamento español no tuvo más remedio que atrincherarse en la iglesia, en la que permanecieron un total de 337 días.

Desde un inicio, los insurgentes filipinos intentaron dialogar con los sitiados, con el fin de ponerles al día de la situación en las Islas Filipinas y convencerles de que lo más sensato sería que se rindieran, ya que no tenían ninguna posibilidad de mantener allí su destacamento, resistiéndose a una revolución iniciada que no pararía hasta lograr su objetivo. El apoyo de Estados Unidos fue la clave del éxito en esta revolución.

La tropa española, dirigida por el capitán de Infantería Enrique de las Morenas, dudaba de la credibilidad de los informes que recibían por parte de los filipinos y, pensando que todo eran argucias para lograr su rendición, decidieron seguir atrincherados en la iglesia de Baler.

Cuando en el mes de agosto cayó Manila en manos de los americanos, el gobierno español envió informadores para notificar a la tropa caída que debían abandonar las armas. Esto fue en vano, ya que los asediados no pensaban rendirse. Incluso llegaron a la iglesia dos curas franciscanos españoles que estaban retenidos como rehenes en el pueblo, a manos de los revolucionarios. Pero estos curas, al no lograr la rendición de sus compatriotas decidieron quedarse con ellos en la iglesia.

El agosto de 1898 sucedió algo decisivo que cambió la dirección que había tomado el conflicto entre España y Filipinas. Se firmó el famoso Tratado de París. Se trata de un acuerdo con el que se dio por terminada la guerra entre España y Estados Unidos, pero a cambio se cedió la soberanía de Filipinas a los estadounidenses.

Los filipinos, por su parte, estaban convencidos de que la ayuda recibida por parte de Estados Unidos había sido con el fin de proclamar su independencia como estado soberano. Al sentirse engañados y traicionados intentaron resistir al nuevo invasor, dando por comenzada la guerra filipino – estadounidense.

España no tuvo más remedio que mantenerse al margen de esta nueva situación y poco a poco sus tropas comenzaron a abandonar Filipinas, dejando solos a los sitiados en Baler, quienes todavía resistían en la iglesia, ajenos a todos los vaivenes que estaban sucediendo en las Islas Filipinas.

A finales de mayo de 1899 llegó a Baler el Teniente Coronel Aguilar (como representante del gobierno de España), quien intentó de nuevo convencer a los atrincherados de que ya no tenía sentido continuar allí encerrados, pero tampoco tuvo mucho éxito.

No obstante, en esta ocasión, Aguilar había dejado en la iglesia unos recortes de la prensa española de la época. Unos días después, y tras revisar las noticias que llegaban desde España, los sitiados se dieron cuenta de que Filipinas ya no era una colonia española. Tras casi un año de resistencia había llegado a su fin el “Sitio de Baler”.

Baler ultimo bastion español en Filipinas
Iglesia de Baler con banderas españolas

Fin de la resistencia en Baler

Finalmente, el 2 de junio de 1899, la tropa española de Baler dejó sus armas y abandonó la iglesia. Dando muestras de admiración a su valor, el pueblo de Baler recibió a los sitiados con todos los honores y jamás fueron considerados como prisioneros de guerra.

Los últimos de Filipinas entraron en Manila arropados por multitudes y fueron recibidos por Emilio Aguinaldo, el creador de los insurgentes de Katipunan, quien por aquel entonces había sido proclamado presidente de la República de Filipinas. El 29 de julio de ese mismo año los sitiados fueron repatriados a España, llegando a Barcelona el 1 de septiembre de 1899.

Finalmente, solo 37 españoles lograron salir con vida de la iglesia de Baler, de los 50 soldados y los dos curas franciscanos que apoyaron a la tropa española. Algunos de ellos desertaron durante la resistencia, otros murieron a consecuencia de las graves enfermedades tropicales propias de la zona, dos de ellos perdieron la vida a causa de heridas de bala sufridas durante los ataques a los sitiados y otros dos fueron fusilados en el interior de la iglesia por traición.

Durante esos 337 días, las condiciones de vida y el estado de ánimo de los últimos de Filipinas fueron disminuyendo, llegando a perder cualquier atisbo de esperanza. La precariedad de su situación, la falta de noticias del exterior, la escasez de suministros y la mala conservación de los alimentos hicieron mella en el deterioro durante aquel encierro.

No obstante, aquellos hombres fueron partícipes de una gesta heroica durante la presencia española en Filipinas, que todavía hoy se recuerda.

Autoridades Españolas - Homeje a los Ultimos de Filipinas
Homenaje a los ultimos de Filipinas, en la visita de autoridades Españolas
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Oscar Presilla
Oscar Presilla

"Nómada del siglo XXI, vivo viajando y viajo viviendo por el continente asiático desde hace años. Periodista y fotógrafo freelance colaboro con varios medios de comunicación tanto
digitales como en papel. Enamorado de Filipinas tengo Palawan como campamento base, desde donde me desplazo constantemente a otras islas con la intención de conocer el resto del archipiélago pinoy".

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